Sin abrigo (parte 3)

Pasado el minuto, retiré el termómetro, el cuál al salir del ano se cerró fuertemente, tensando los glúteos y temblando por el esfuerzo, un gemido entrecortado se ahogaba nuevamente en las sábanas.

  • ¡37.2 grados!, ¡No hay fiebre!.

Tomé una torunda y limpié el termómetro y me dirigí nuevamente al baño, preparé alkacide en una riñonera y puse a esterilizar en frío al termómetro.  Me lavé las manos y me dirigí hacia Fanny; Parándome frente a ella, su nerviosismo aumento la presión de sus dedos sobre sus piernas.

  • ¡Tienes 10 segundos para levantarte Fanny!, ¡Diez!, ¡Nueve!, ¡Ocho!, ¡Siete!, ¡Seis!, ¡Cinco!, ¡Cuatro!, ¡Tres!, ¡Dos!, ¡Uno!, ¡Cero!

Al terminar de pronunciar el cero, ella se incorporó y se dirigió hacia la cama, pero a medio camino, mi brazo la tomó del suyo y aprovechando la inercia de su movimiento la puse de espalda a mí con el brazo inmovilizándola. Corrigiendo la posición de mi mano para no lastimarla le proporcioné diez nalgadas con la mano abierta sobre su trasero cubierto aún por el pantalón.

  • ¡Por si no lo has notado, en esta casa hay reglas señorita y aquí los huevos no son al gusto!

Para contrarrestar el castigo, apretó el trasero mientras se elevaba por sus dedos del pie  y se arqueaba para disminuir la zona glútea.

  • ¡No me extraña tu comportamiento!, ¡Pero ya lo sabes!, ¡Aquí se paga la desobediencia!

Al terminar las nalgadas, le liberé la mano y en reacción se subió a la cama y haciendo gimoteos se bajó el pantalón, al tomar sus pantaletas sus manos le temblaban y lentamente los hiso descender, más su puente había quedado un poco en sus labios por una humedad extra en la zona.

Siendo vencida la unión, quedó desnuda de la cadera y se acomodó boca abajo abriendo sus nalgas y volteando con Rubí, quién en respuesta le mandó un beso y puso cara triste.

  • Podrías decirme exactamente ¿Qué haces Fanny?
  • ¡Obedeciendo tus indicaciones!
  • ¡Pero no ocupas obedecerme!, ¡Tomas tus cosas y puedes retirarte de esta casa!

Rubí y Fanny se incorporaron inmediatamente ante lo escuchado; Multitud de ¿Por qué? Se hicieron presentes. Fanny cayó en un llanto y se sentó en la cama llevándose las manos al rostro. Rubí se acercó a mí pidiéndome que recapacitara.

  • ¡Hazme lo que desees amor!, ¡Pero deja que se quede!

Sus dedos recorrieron desde mí oído a la barbilla, quién al asegurarla giró mi rostro y me besó en los labios, apresándolos en sus dientes mientras decía:

  • ¡Venga cariño, se bueno y deja que se quede!

Pero inmediatamente el placer y el llanto terminaron cuando dejándole parada me dirigí a la puerta y regresando con las cosas en la mano me coloqué bajo el marco.

  • ¡Vamos señorita!, ¡Mueve ese cuerpo y sígueme!
  • ¡Mi amor, enseri..!
  • ¡Saben que no soporto las mentiras!, ¡El teatrito de la tos y la gripa puedo pasarlo!, ¡Hasta el berrinche de tirarse al suelo, pero lo que no toleraré es que mienta sobre el motivo de su estancia!
  • Pero ¿Qué dices?
  • ¡El peso de la maleta no corresponde con ropa!, ¡Acaso me creen estúpido!, ¿Cuándo han visto que alguien de la complexión de Fanny levante la maleta de viaje con tres dedos?

Ambas se intercambiaron miradas, un enrojecimiento llegó al rostro de Fanny mientras los ojos y la mirada hacia Rubí no se desprendía.

…continuará.

Dr. Axtrexal

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